El jamón ibérico de bellota es uno de los manjares más exquisitos. Requerido igualmente para platos de alta cocina y consumo particular, puede ser difícil distinguirlo de entre los otros tipos, por ello, tendrás que tener en cuenta algunas características específicas.

El jamón ibérico es uno de los más deseados en todo el mundo, su sabor particular puede deleitar hasta a aquellos que prefieren lo dulce sobre lo salado. Sin embargo, hay distintos tipos, y es cierto que puede ser difícil al principio distinguir con seguridad el jamon iberico de bellota de los otros.Si quieres asegurarte de tener una experiencia única con un producto único, querrás saber cuáles son los datos que debes tener en cuenta para diferenciarlo.

Diferentes tipos de jamón ibérico: el de bellota

El jamón ibérico recibe su nombre porque procede de los cerdos que han sido criados en la península. Ahora bien, el hecho de que haya diferentes clases de jamón ibérico se debe, más que nada, al alimento y los cuidados que han recibido los cerdos en el criadero. 

En el caso del jamón ibérico de bellota, uno de los más solicitados en el mercado, se trata de cerdos que han campado en las dehesas, y que han sido alimentados a base de hierbas, plantas y bellotas durante los últimos meses de su vida.

Cómo distinguirlo 

Ahora que sabes exactamente por qué se le llama jamón ibérico de bellota, te preguntarás cómo puedes distinguirlo de los otros tipos. Lo cierto es que, afortunadamente, hay muchos aspectos por los que te puedes guiar. En primer lugar, y por ser uno de los elementos más visibles, destaca por la etiqueta

En los jamones ibéricos de bellota, ésta es de color negro o rojo, y lleva la Denominación de Origen (en la que se expone la fecha en la que fue sacrificado el cerdo), el número sanitario, y una marca expedida por la certificadora correspondiente que determina que, efectivamente, es jamón de bellota.

Por otro lado, también podrás distinguir a este jamón de forma especial a través de su peso y curación. En el momento de ser vendido debe pesar al menos 7 kg, aunque lo recomendable es que pese entre 8 y 9 kg, ya que es lo que evidencia que, en vida, el cerdo realmente ha sido bien alimentado. 

Además, el tiempo que ha sido curado influirá en su rendimiento, y es por eso que, para que sea bueno, el jamón ibérico de bellota debe haber alcanzado unos cuatro años de curación.

Si no pudieras acceder a estos datos de manera inmediata, tendrás que hacer uso de otros sentidos. Es posible corroborar si se trata de jamón ibérico de bellota a través del tocino y el tacto, así que, si lo presionas con los dedos y éstos se hunden ligeramente, podrás asegurarte de su consistencia. 

Que los dedos se hundan demasiado o no se hundan en absoluto, es evidencia de que al jamón le falta calidad. En cuanto al tocino, la prueba es similar, y si los dedos se hunden podrás confirmar que es el producto que estás buscando

La mejor opción para nuestro bolsillo

Por último, el precio es uno de los criterios condicionantes a la hora de emprender esta búsqueda. Algo importante a remarcar es que el jamón ibérico de bellota implica un proceso delicado; tanto la cría de los cerdos como la curación llevan bastante tiempo y, por supuesto, necesitan de recursos. Es por ello que, una vez que llega al mercado, no es un producto barato. Sin embargo, ten en cuenta que lo que se prioriza es la calidad del jamón y la experiencia en el momento de degustarlo.

Claro que la oferta disponible es muy grande y sus variantes se deben a las denominaciones de origen que mencionamos antes. En esta cuestión, y una vez que hayas comprobado todos los puntos antes planteados, tendrás que decidir cuál es la opción de jamón que más atractiva te resulta, y lanzarte a probarlo.

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